SALUD

Como el socialismo chino está derrotando al brote de coronavirus

China está organizando empresas de propiedad estatal y controles de mercado para construir hospitales

Traducción: Pilar Troya

Qiao Collective |
05-02-2020 hospital coronavírus china
Esa es una demostración mundial de los puntos fuertes del socialismo con características chinas - STR/AFP

En algunos rincones de la China, el brote de coronavirus parece haber congelado el tiempo mismo. Las estaciones de tren de Beijing y Shanghái, normalmente abarrotadas con millones de personas que regresan a casa para el Festival de Primavera, están vacías; los restaurantes, centros comerciales y espacios públicos están desiertos. No se podría deducir a partir de estos espacios de extraña quietud, pero en todo el país las ruedas de industria estatal de China se han puesto en marcha a toda velocidad porque el Partido Comunista Chino ha organizado a sus industrias para hacer frente a la crisis sanitaria en curso. En medio de las distorsiones occidentales y la proyección de agendas geopolíticas oportunistas sobre esta crisis, el coronavirus proporciona una lente para entender la economía política de China, que se esfuerza por asegurarse de que los intereses del capital privado no dicten políticas contra los intereses del pueblo. La movilización masiva de empresas estatales de China para combatir el coronavirus, incluida la construcción en diez días de dos nuevos hospitales en Wuhan, la producción y distribución a la velocidad del rayo de suministros médicos a precios controlados, la prestación de atención médica universal gratuita y el despliegue masivo de trabajadorxs médicxs estatales, es una demostración de la economía política socialista de China en el escenario mundial.

El virus, identificado primero en Wuhan y ahora con casos confirmados en las 23 provincias de China, ha puesto al país en crisis. Para el viernes 31 de enero, las autoridades habían confirmado un total de 11.821 casos diagnosticados en China continental y 259 muertes. Mientras tanto, la histérica cobertura mediática en Occidente difunde rumores, racismo, y ahora EE. UU. emitió una prohibición de viaje a ciudadanxs chinxs viajando desde China. La racialización del virus, de forma muy similar a lo que sucedió con la epidemia del SARS, ha culpado del brote a prácticas culinarias y culturales chinas antihigiénicas, reviviendo narrativas que persisten desde el siglo XIX, una era de leyes de exclusión china en todo Occidente. Especialmente, un video de 2016 del presentador de televisión de viajes Wang Mengyun comiendo un murciélago en la nación insular de Palau, en el Pacífico, que se hizo pasar por imágenes de Wuhan, circuló como “prueba” de los orígenes exóticos de la enfermedad.

Muchos progresistas en Occidente han confirmado el aumento del racismo y los estereotipos hacia la población china, especialmente después de que un chino muriera en Sidney de un ataque cardíaco cuando unos transeúntes australianos, temerosos de “infectarse” se negaron a darle reanimación cardiopulmonar. Sin embargo, son menos los que han reconocido el papel mucho más importante que ha desempeñado la animadversión geopolítica occidental hacia China en la proliferación de desinformación, distorsiones y engaños en la respuesta mediática occidental.

Varios engaños virales diciendo que la policía estaba disparando a pacientes en las calles de Wuhan, que la construcción de un hospital en Wuhan era una tapadera para una fosa común, y que el propio gobierno chino había fabricado el virus han ganado enorme fuerza en internet. Mientras tanto, la cobertura mediática tradicional ha insistido en que el Partido Comunista está manejando mal la crisis, ocultando información e imponiendo restricciones autoritarias a la ciudadanía. En particular, los medios de comunicación se han centrado en los informes de que ocho médicos en Wuhan predijeron el virus semanas antes de que se anunciara públicamente, pero fueron silenciados por funcionarios del partido. Esta anécdota un error admitido por el alcalde y el secretario del partido de Wuhan, ambos rotundamente criticados por las altas esferas del partido, incluido El Tribunal Superior del Pueblo de China, ha sido presentada como un acusación a todo el sistema político chino, prueba de la ilegitimidad del Partido Comunista Chino. Como dijo el columnista del New York Times, Nicholas Kristoff, el mundo estaba ahora “pagando por la dictadura de China”. El Washington Post también llamó a los esfuerzos de China por contener el virus “llevados por el autoritarismo”. Con una total falta de empatía por el sufrimiento de lxs chinxs, el Secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, esperaba que el brote pudiera “ayudar” a devolver puestos de trabajo a Estados Unidos. Curiosamente, la cobertura mediática occidental nunca mencionó que el alcalde y el secretario del partido de Wuhan admitieron públicamente su error en comunicados de prensa y en programas de entrevistas en televisión famosos ni que el Partido ha dejado claro que están exigiendo transparencia e intercambio de información totales.

En marcado contraste, la Organización Mundial de la Salud no ha hecho más que elogiar efusivamente la respuesta china. Como declaró l Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, “hay que felicitar al Gobierno de China por las medidas extraordinarias que ha adoptado para contener el brote, a pesar de las graves repercusiones sociales y económicas que estas medidas están teniendo en el pueblo chino”. Por atreverse a elogiar a China, el Director General se ha enfrentado a incesantes acusaciones de haber sido pagado por el Partido Comunista, acusaciones que comenzaron cuando la Organización Mundial de la Salud simplemente se negó a declarar al brote “emergencia sanitaria internacional” el 23 de enero, considerándola, en cambio, principalmente un riesgo doméstico en China. Cuando nuevos casos se confirmaron en Estados Unidos, Japón y otros países, la OMS revisó su designación y declaró la emergencia sanitaria internacional. Incluso entonces, el Director General enfatizó que la declaración “no es un voto de desconfianza en China. Por el contrario, la OMS sigue confiando en la capacidad de China para controlar el brote”. En cambio, subrayó que la rapidez y eficacia de China para detectar el brote, aislar el virus, secuenciar el genoma y compartirlo con el mundo estaban “más allá de las palabras” al igual que el “compromiso del país con la transparencia y su apoyo a otros países”. El añadió también: “en muchos sentidos, China está estableciendo nuevos estándares para la respuesta a los brotes”.


Pocos han reconocido el papel mucho más importante que ha desempeñado la animadversión geopolítica de Occidente hacia China en la proliferación de la desinformación / Hector Retamal/AFP

Este nuevo estándar que la Organización Mundial de la Salud ha alabado con razón es, en efecto, una afirmación del poder y de la eficacia de la economía política socialista de China. En primer lugar, el tratamiento del coronavirus por parte del Partido Comunista es un testimonio de su constante espíritu de “servir al pueblo”. En una conmovedora conferencia de prensa el 29 de enero, Zhang Wenhong, médico jefe del Equipo de Expertos en Tratamiento Médico de Shaghai, anunció que había reemplazado a lxs médicxs civiles de primera línea por funcionarixs médicxs del Partido. Elogiando los esfuerzos de los socorristas, dijo que “no debemos abusar de personas obedientes como ellos” y que todxs lxs miembros del Partido habían hecho un juramento de servir al pueblo que ahora debían cumplirse. De manera similar, el Director General de la OMS, Tedros elogió el detallado conocimiento de Xi Jinping sobre el brote y el hecho de que Ma Xiaowei director de la Comisión Nacional de Salud de China estuvieran en primera línea dirigiendo la respuesta en Wuhan.

Pero la capacidad de China para responder a esta crisis de salud pública de proporciones masivas es un testimonio de la realidad del socialismo con características chinas: aunque tiene una economía de mercado híbrida, el Partido Comunista mantiene el control sobre industrias clave y, a diferencia de las sociedades capitalistas como los Estados Unidos, sigue siendo independiente de los intereses del capital privado. La respuesta del Partido al coronavirus deja esto en claro: el Ministerio de Comercio supervisa la coordinación de los mercados regionales para asegurar el flujo de productos clave como granos, carne y huevos a la provincia de Hubei, a la par que coordina la producción y distribución de máscaras y otros insumos médicos; las plataformas de comercio electrónico chinas han prohibido el aumento del precio de las máscaras n95 y otras cosas necesarias; el gobierno ha prometido subsidios para cubrir los gastos médicos de todos los pacientes con coronavirus; el gobierno de Hubei ha hecho compras públicas masivas para asegurar un suministro adecuado de máscaras, la empresa estatal china State Construction Engineering emprendió la construcción rápida de dos hospitales de cuarentena de emergencia en Wuhan, la empresa eléctrica estatal China State Grid contribuyó con más de 110 millones de yuanes en efectivo y activos físicos para apoyar la construcción de instalaciones de energía para los hospitales en Wuhan, al mismo tiempo que anunció que la electricidad está asegurada para todas las personas residentes de Hubei durante la emergencia, tanto si pueden pagarla como si no, y la lista continúa. Tal vez más importante aún es que los funcionarios médicos chinos aislaron y secuenciaron rápidamente el genoma del coronavirus e inmediatamente hicieron pública la secuencia para la comunidad internacional. En otro golpe a la economía china, el Partido anunció que extendía el feriado del Festival de Primavera hasta el 2 de febrero en un esfuerzo por mantener a lxs trabajadorxs en casa y contener la propagación del virus.

La capacidad de China para responder a esta crisis de salud pública de proporciones masivas es un testimonio de la realidad del socialismo con características chinas, en el cual el Partido responde al pueblo, no a los intereses del capital privado.

Solo se puede imaginar una respuesta muy diferente al coronavirus en el capitalismo: pacientes infectados que no pueden costear el tratamiento y son demasiado pobres como para tomarse tiempo libre del trabajo; aumento de precios y escasez de máscaras y otros insumos médicos para beneficio de las empresas, las compañías medicas patentando secuencias de genes y tratamientos para salvar vidas. De hecho, la Organización Mundial de la Salud casi lo ha dicho todo: Tedros fue claro al anunciar una emergencia sanitaria mundial que su principal preocupación no es lo que está sucediendo en China, sino los impactos del virus si se empieza a propagarse a países con “sistemas de salud más débiles”. Mientras países capitalistas como Alemania, Japón y Estados Unidos evacúan a sus ciudadanxs de Wuhan (en contra de la recomendación de lxs funcionarixs chinos), está por verse la capacidad de estos Estados – donde reinan supremas las industrias privatizadas de la salud, la construcción, la farmacéutica, el transporte, la alimentación y los recursos – para manejar la potencial propagación del virus. De hecho durante el brote de gripe H1N1 en 2009 en Estados Unidos, se infectaron y hospitalizaron 250.000 personas y murieron 12.000. EE. UU. estaba mal equipado para enfrentar la crisis y cientos de miles de personas incurrieron en gastos médicos masivos.

Tomemos, por ejemplo, la respuesta de Hong Kong a la crisis, que proporciona un caso para comparar las diferencias entre la capacidad de respuesta del Partido Comunista Chino y la de una sociedad capitalista. En Hong Kong, donde el gobierno y la estructura económica son notoriamente neoliberales y las políticas de libre mercado reinan sin desafío, el gobierno ha sido criticado por ser incapaz de asumir los suministros para la producción de máscaras, desplegar adecuadamente a los trabajadores médicos o mantener la estabilidad social. La producción de máscaras de Hong Kong se hace en empresas privadas y en las cárceles. Un pandemonio masivo ha estallado mientras los residentes de Hong Kong claman por máscaras en tiendas privadas que han subido su precio. Recientemente, el Secretario Principal de Hong Kong anunció que Hong Kong recibirá máscaras de las fábricas de China continental y obligará a los presos de la Institución Correccional de Lo Wu a trabajar sin parar y durante la noche para producir máscaras. En cambio, la producción de máscaras de China proviene de empresas estatales, lo que ha permitido a China aumentar rápidamente su producción, asegurar el control de precios y racionarlas al pueblo chino. Curiosamente, en lugar de abordar la economía privatizada de Hong Kong, las políticas de libre mercado, la falta de capacidad de producción nacional y el debilitamiento del poder del gobierno como cuestión central que causa la incapacidad de la ciudad para hacer frente a la crisis, lxs hongkoneses han estallado en una renovada ronda de xenofobia cáustica, pidiendo que renuncie el Director General de la OMS después de que elogió rotundamente la infraestructura sanitaria y de respuesta a las crisis de China, exigiendo que sólo se permita a las personas residentes de Hong Kong (en contraposición con lxs trabajadorxs migrantes de China continental y el sudeste asiático) comprar máscaras, culpando de la crisis del coronavirus a la “autocracia” y “autoritarismo” de China, e incendiando un edificio residencial de cuarentena recién construido. Aunque algunos pueden distorsionar esta situación para culpar a China por “descuidar” a Hong Kong durante la crisis, la realidad es que el sufrimiento humano bajo la economía neoliberal de Hong Kong no es el resultado del llamado autoritarismo chino sino de las protecciones del mercado libre capitalista garantizadas y forzadas a China por el Reino Unido durante sus negociaciones de “traspaso”. Tal vez la integración de Hong Kong en el sistema político y económico de China, calificado vehementemente de “imperialista”, podría ayudar a mitigar algunos de estos problemas.

La insistencia de los medios de comunicación occidentales en distorsionar y explotar el miedo del coronavirus para su propia agenda geopolítica es un testimonio de los extremos a los que llegará para llevar adelante su narrativa de “el mundo contra China”. Sin embargo, nuestros pensamientos están con innumerables familias, trabajadorxs y ciudadanía de Wuhan y más allá, que han encontrado momentos de alegría, celebración y resiliencia en medio de un Festival de Primavera golpeado por la crisis. En última instancia, el Partido Comunista Chino y lxs trabajadorxs de todo el país inspiran una gran confianza en su capacidad para contener el coronavirus. De hecho, cuando la lucha termine y el mundo esté a salvo, tendremos que agradecer al socialismo.

Edición: Qiao Collective